No molestar, gracias...

Con esta entrada me gustaría reflexionar brevemente sobre algo muy cotidiano para nosotros profesionales; lo es tanto, que a menudo se convierte en algo automático: En la residencia, en el hospital, llamamos a la puerta de una habitación y automáticamente la abrimos. A menudo, no esperamos a que nos den permiso para entrar, puesto que hacerlo, es necesario para nuestra tarea. Sin pretender generalizar, pocas veces nos cuestionamos no hacerlo... 

Ahora poneos en situación: Imaginad, por un momento, que estáis tan a gusto, cogidos de la mano, compartiendo un momento de tranquilidad e intimidad con vuestro familiar y, de repente, llaman y entran para limpiar la habitación, traer la comida, dar la medicación, etc. Toda la tranquilidad, la cercanía y la conexión con el otro se desvanecen por un instante de interrupción inesperada.



La privacidad, la intimidad y el relax, se ven seriamente mermados cuando las personas tienen que convivir en entornos en los que requieren de la intervención de otros.

Mi observación es que, como a menudo pasa en la vida, las personas "se acostumbran" a esta interrupción constante de su privacidad. Pero la pregunta sería,¿Es necesario que así sea? ¿No podemos hacer las cosas de otra manera para que no tengan que acostumbrarse y ceder?

Estoy convencida de que es posible. Solo se requiere, como casi siempre, de un cambio de mentalidad. 

Se podría, por ejemplo, "automatizar" el sano hábito de esperar una respuesta (afirmativa o no) antes de entrar en una habitación. No es tan difícil, y seguro que los familiares agradecerían que se esperase un momento antes de entrar en la habitación mientras ellos están en el baño, por ejemplo...

Sería importante crear cartelitos de "No molestar, por favor" con una franja horaria escrita debajo (pactada con el centro). Así, las familias podrían tener sus ratos de intimidad y privacidad sin miedo a ser estorbadas y con ello tampoco se distorsionaría la dinámica del centro ya que sería algo planificado.

Hay formas alternativas, sólo se requiere poner nuestra atención y empatía en ellas...

La grave discapacidad ya dificulta por sí misma la comunicación y la relación entre personas que se quieren. Son necesarias más atención, concentración y estructura para poder centrarse en el otro.

Organizar nuestra actividad de manera que su privacidad y encuentro sean lo más respetados posible, es otra forma que tenemos todos los profesionales de valorar y cuidar esa relación. Actuando con cuidado y consciencia al entrar en SU espacio, facilitamos ese encuentro comunicativo y, mostramos también, respeto hacia ellas mismas y su proceso.

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